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Museo del Prado

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El edificio lo diseñó en 1785 Juan de Villanueva, el arquitecto que mejor representó el neoclasicismo español y que también levantó el Observatorio Astronómico de Madrid. Carlos III lo encargó como Gabinete de Historia Natural, pero la invasión francesa dejó las obras a medio terminar. Fue Fernando VII quien, en 1818, decidió por decreto destinar el edificio a un museo de pinturas, animado por su esposa Isabel de Braganza.

El primer catálogo, publicado el día de la inauguración, el 19 de noviembre de 1819, reunía 311 cuadros, casi todos de la escuela española, aunque el edificio ya guardaba más de mil quinientas obras traídas de los Reales Sitios, las distintas residencias de la Corona, como El Escorial, Aranjuez o el Palacio Real, donde se habían ido acumulando durante siglos. La colección creció gracias al gusto personal de los monarcas: Carlos V prefería tapices y armas, pero Felipe II impulsó la pintura hasta convertirla en el centro de la corte. En 1868, con la caída de Isabel II, el museo dejó de pertenecer a la Corona y pasó a manos del Estado.

Varios datos curiosos rodean a algunas de sus piezas más conocidas. Las Pinturas Negras de Goya no nacieron sobre lienzo: el pintor las hizo directamente sobre los muros de su casa junto al Manzanares, y no se trasladaron a tela hasta 1874. El Jardín de las Delicias de El Bosco, por su parte, lleva en la colección real desde el siglo XVI.

Algo distinto a la visita habitual es la posibilidad de entrar una hora antes de la apertura oficial, en grupo reducido y con un historiador del arte, para recorrer Las Meninas, el Bosco o las Pinturas Negras casi en soledad.

40.4713620° N · −3.6166100° E

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