Andrés Gallardo
Más informaciónAndrés Gallardo y Marina Casal no venían del mundo de la cerámica, pero encontraron en la porcelana rota algo que pocos habían explorado: el potencial de convertir lo imperfecto en piezas únicas. Lo que empezó como un proyecto artesanal en 2011 tiene hoy su flagship en el barrio de Las Letras, instalada en una antigua imprenta restaurada que conserva el ladrillo visto y las vigas de madera originales.
Si las joyas pusieron a la marca en el mapa, los bolsos fueron los que la llevaron al mundo. Diseños limpios donde una sola pieza de porcelana, rotunda y escultórica, se combina con piel trabajada en Ubrique. Manos que sostienen un corazón, conejos, serpientes, flores: cada figura nace en talleres especializados de Portugal y España y se cuece a más de 1.600 grados para garantizar su resistencia. El contraste entre el frío de la porcelana y el calor de la piel es la firma de la casa, y explica por qué Paul Smith los vende en Londres y por qué el MET de Nueva York o el Guggenheim de Bilbao los tienen en su circuito.
Cada bolso se exhibe como lo que es: una pequeña escultura que también funciona como complemento. La tienda, con una vitrina numismática del siglo pasado como pieza central, refuerza esa idea. No es una boutique al uso, es una galería donde lo que se compra acaba siendo, casi siempre, una obra que se lleva puesta.
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